14 julio, 2012

2 ~ Amapolas

Ese pequeño roce en la noche despertó curiosidad en ella.
Cerró los ojos. Sentía como era andar a su lado, sin hacer esas tonterías para llamar su atención, pues toda su atención ya era para ella. Notaba como la textura bajo sus pies dejó de ser arena y pasó a ser hierba mojada. No recuerda cómo no podía parar el tiempo, todo ocurría demasiado rápido. De un momento a otro se encontraba tumbada en esa pradera. Soplaba una ligera brisa; mientras, su pelo era el causante de las cosquillas provocadas en el chico. A él no le importaba, disfrutaba. Eran caricias, caricias diferentes, pero suyas, de su chica. Mientras, leía un libro, hasta el momento en el que me miró fijamente a los ojos y me susurró "Cuando creemos que nuestros sueños se han cumplido, comprendemos que la imaginación es más fuerte de lo que podemos llegar a pensar, y lo que nunca ocurrirá en la realidad."

Abrí los ojos. Efectivamente, sus caricias no podían ser comparadas con otras.

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